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Enviado por GINECOLOGA. 355 puntos. Leido 42 veces
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Pensaba que, después de haber sometido a Nuria, lo tenía todo bien controlado pero durante el periodo vacacional de Semana Santa y en los últimos meses de aquel curso surgieron unos cuantos acontecimientos que hicieron que nuestra convivencia diera un vuelco total.
Mientras a Andrea la agradaba que me la follara en privado y con intimidad a Ana Rosa y Sonia, además de por separado, las encantaba que hiciéramos tríos en los que se acostumbraron a cortarme la eyaculación repetidamente para que tardara mucho más en echarlas la leche y que, al hacerlo, disfrutara de un gusto intenso y prolongado y me saliera una cantidad impresionante de semen. En esta situación, Andrea rompió aguas y se puso de parto la noche del Martes Santo mientras, como era habitual, la estaba dando por el culo. Además de tenerla que vestir lo mejor que pude y llevarla en un taxi a la clínica que la “organización” la había indicado, la joven que, aunque lo pasó bastante mal los últimos meses a medida que iba perdiendo movilidad, había tenido un embarazo normal y sin más contratiempos que la aparición de unas molestas hemorroides internas, las habituales estrías en las tetas y un persistente estreñimiento que la aliviaba al “clavársela” por el culo prácticamente a diario, estuvo casi doce horas en el paritorio dilatando y sin parar de vomitar para que, después de sufrir un desgarro vaginal con el parto natural y totalmente agotada por el esfuerzo, tuvieran que hacerla la cesárea para ver que su sufrimiento continuaba al abrirla la almeja con unos fórceps para poder extraer la placenta. Aquello ocasionó que saliera de allí deprimida y pidiendo a gritos que no la quitaran a su hijo, cosa que había sucedido mientras la cosían el desgarro y como estaba muy inquieta y no paraba de dar vueltas en la cama, al día siguiente se la infectaron los puntos lo que ocasionó que tuviera que permanecer hospitalizada más tiempo del inicialmente previsto. Al abandonar la clínica en lo único en que lo pensaba era en recuperar al crío con lo que su depresión aumentaba de la misma forma que su deseo sexual disminuía hasta desaparecer por completo. La “organización”, que quería seguir contando con ella, la brindó ayuda psicológica y psiquiátrica para superarlo y en cuanto superó el periodo post parto Ana Rosa y Sonia consideraron que Andrea no podía seguir así indefinidamente por lo que, a pesar de saber que no era partidaria del sexo lesbico, decidieron forzarla con el propósito de ayudarla a recuperar su apetito sexual y para ello, la ataron a la cama bien abierta de brazos y piernas y mientras una la sacaba la leche materna mamándola las tetas, la otra la masturbaba y la comía el chocho a conciencia para rematarla con un fisting con el que la joven, aunque sin fuerzas para colaborar e inmersa en orgasmos secos, quedaba de lo más entregada para me la pudiera tirar y la echara toda la leche y el pis que quisiera. Pero, aunque la chica se vaciaba de “baba” vaginal y de micción, el alcanzar aquel tipo de orgasmos la resultaba doloroso y aunque la seguíamos forzando, cada vez se encontraba más decaída y sin ganas de sexo. Ella misma se dio cuenta de que aquello no podía continuar ya que si habíamos decidido vivir juntos era precisamente para mantener relaciones frecuentes por lo que, al disponer del dinero que la habían dado por engendrar y parir al niño, decidió volver a su casa para rehacer su vida, pero sin volver a casarse, junto a un primo que disfrutaba de una buena posición económica y con el que sabía que iba a tener de todo menos sexo puesto que, desde que la tocó la raja vaginal siendo una niña, había deseado cepillársela y cuándo Andrea, en la pubertad, le brindó la oportunidad de hacerlo se topó con una pirula pequeña y fofa que, además de ser incapaz de eyacular, la costó lograr que, a base de chupársela durante bastante tiempo, se le pusiera lo suficientemente tiesa como para “clavársela” para llegar a desesperarse al notar que perdía la erección mientras se la follaba.
El siguiente problema lo tuvimos con los padres de Sonia que se enteraron casualmente de que su hija, en vez de alojarse en la residencia de estudiantes que continuaban pagando mensualmente, estaba viviendo con Ana Rosa y conmigo y que, lógicamente, me la estaba “trajinando”. Un viernes, a última hora de la tarde, los dos progenitores se presentaron en el domicilio de Ana Rosa y aparte de llamarnos de todo, nos armaron una bronca de campeonato al descubrir que teníamos decoradas las habitaciones con bragas, sujetadores, tangas y fotografías de sexo guarro y después de pegarla el padre delante de nosotros e intentar agredirme cuándo salí en su ayuda, se la llevaron a la fuerza diciéndonos que lo hacían por su bien antes de que, a pesar de que había dejado de serlo desde que vivía con nosotros, acabara convertida en una puta y sin escucharnos ni a nosotros ni a ella que les decía que era mayor de edad y que, por lo tanto, podía hacer lo que la diera la gana incluyendo el entregarse a nosotros. Desde ese día el único contacto que tuvimos con ella fue a través de su teléfono móvil y en llamadas de corta duración para que sus padres no se percataran de que estaba hablando con nosotros mientras Sonia no dejaba de llorar y decía que nos echaba mucho de menos y que a todas horas se “hacía unos dedos” teniéndonos en su mente.
Ana Rosa y yo nos volvimos a quedar solos. Nos encontrábamos muy compenetrados en todo y sobre todo en la cama cuándo, al finalizar el curso, nos encontramos con dos desagradables noticias. La primera fue que Nuria se había ocupado de que no renovaran el contrato a Ana Rosa al alegar la empresa de seguridad para la que trabajaba que si lo hacía tendría que convertirla en personal fijo y aquello no parecía entrar en sus planes y de que no pudiera encontrar un nuevo trabajo en el sector. La segunda consistió en que, viendo que al no contar con el apoyo de Lucia no iba a poder dar clases en el tercer nivel y después de haber sacado unas buenas calificaciones a lo largo del curso, aquella guarra había logrado que, además de en la suya, me suspendieran otras dos asignaturas en las que había obtenido una nota medía bastante alta con la clara intención de que tuviera que repetir curso y seguir en contacto con ella para poder aprobarlas. Aquello me sentó como una de las patadas en los cojones que Lucia solía darme al terminar las sesiones sexuales y a pesar de saber que nuestra calidad de vida iba a disminuir al quedarnos sin los ingresos que obtenía Ana Rosa, decidí dejar los estudios después de tener un fuerte enfrentamiento verbal con Nuria, a la que insulté en varias ocasiones, zarandeé y llegué a escupir por dos veces en la cara, para centrarme en mi actividad sexual en la “organización” de la que cada vez formaban parte más inmigrantes y en donde habían decidido reducir el número de fecundadores y a los que quedamos, además de pagarnos por embarazo conseguido en vez de por polvo echado, nos asignaron a medía docena de mujeres fijas con intención de poder comprobar nuestra fertilidad y virilidad. El grupo que me tocó en suerte se encontraba integrado por dos sudamericanas y una de ellas, ecuatoriana, era de complexión fuerte y estaba dotada de unas tetas grandísimas y de un culo demasiado ancho y voluminoso, cosa que nunca me ha agradado, por lo que, a pesar de que tenía fama de ser una autentica “coneja”, no estaba ni inspirado ni motivado cuándo lo hacía con ella. La otra fue una atractiva venezolana que, a pesar de que no era muy habitual que la usara, cuándo se ponía ropa interior no se la quitaba durante semanas para que, según decía, el tanga fuera adquiriendo un penetrante olor a coño femenino. Otras dos eran europeas, naturales de Bulgaria y de Georgia; la quinta era asiática y la última había nacido en Senegal. A pesar de que tanto la asiática como la menuda y rubia búlgara y la venezolana eran autentica porcelana fina y resultaban unas magnificas “yeguas” en la cama y con la georgiana debí de dar en la diana en una de las dos primeras ocasiones en que me la tiré, me fastidiaba mucho el no poder hacer con ellas todo lo que me apetecía como darlas por el culo ó que me chuparan más el pito mientras que la senegalesa, que se llamaba Erina ó Irina pero todo el mundo la conocía por Nina, que era de raza negra, alta, delgada, seductora y de esas hembras que no se cortan ante nada ni nadie, sabía moverse de maravilla para, como ella decía, sacarme la leche y que se la echara muy a gusto dentro de su amplísima seta. La mujer, que se había acostumbrado en su país a tener dentro de su cuerpo miembros viriles de considerable tamaño, me comentaba que desde que salió de allí no había encontrado ninguno del tamaño del mío por lo que, indicándome que “la tenía como un negro”, me pidió que la echara un par de polvos cada vez que me la cepillara; que intentara meterla en su interior los cojones aprovechando la gran dilatación que llegaba a alcanzar su raja vaginal y que repitiera la mayoría de los días por lo que llegué a follármela hasta en tres ocasiones dejando de lado a la asiática, a la búlgara y a la venezolana a pesar de gustarme mucho. Durante el invierno se confirmó que Nina estaba preñada y a pesar de que pude seguir disfrutando de su almeja hasta que el “bombo” resultó bastante evidente, la “organización” consideró que al ser una fémina muy fértil había que tratarla con mimo y que, teniendo una polla tan gorda y larga, podía dañar al feto por lo que, aunque me permitieron darla por el culo a días alternos durante casi dos meses, al final optaron porque fueran otros, con el rabo de unas dimensiones más normales, los que se la tiraran vaginalmente hasta que se produjera el parto.
Entre tanto, había transcurrido algo más de un año y si el verano anterior sólo había salido de vacaciones para pasar dos semanas junto a mis padres y hermanos puesto que Ana Rosa, que me acompañó, estaba bastante deprimida al haberse quedado sin trabajo a cuenta de las maquinaciones de Nuria para convertirse en una eficiente ama de casa centrada en los distintos quehaceres domésticos, en el de aquel año, convencido de que por fin se iban a convocar las pruebas selectivas de las oposiciones, decidí aprovechar para estudiar, sacarme el carnet de conducir aunque nunca me he comprado coche y cuándo lo necesito utilizo el de Ana Rosa y continuar obteniendo dinero de mi actividad sexual en la “organización” a la que llegué a ir varias noches ante la falta de respuesta que mi deseo sexual encontraba en mi compañera sentimental y por cepillarme a unas hembras distintas a las que acudían durante el día. Inma, cuyo padre había fallecido durante el invierno, decidió desplazarse para poder pasar unos días conmigo. Como hacía mucho tiempo que no la veía la encontré bastante cambiada al haber modificado por completo su peinado que ahora lucía a mechas; haber engordado un poco con lo que mejoraba físicamente; haberse adaptado a usar tanga en vez de braga y a cuenta de un problema ocular, haberse olvidado de sus lentillas para utilizar gafas. No la hizo demasiada gracia encontrarme viviendo con Ana Rosa, de la misma forma que a mí no me gustó que se hubiera depilado el “felpudo” pélvico, pero no tardó en darse cuenta de que mi compañera nos permitía tener la suficiente intimidad como para que pudiera quitarse el tanga y abrirse de piernas con intención de que hiciéramos nuestros habituales sesenta y nueves ó para que me la follara un par de veces al día. Como era funcionaria y podía pedir el traslado al lugar que deseara me propuso que, si lograba aprobar las oposiciones, Ana Rosa, a la que a pesar de que estaba empeñada no la dejé entrar a formar parte de la “organización” para obtener ingresos procreando, ella y yo iniciaríamos una nueva vida en otra ciudad, a ser posible pequeña y tranquila. La idea me pareció magnífica al igual que Inma cada vez me parecía más maravillosa y me encantó su propuesta de formar ese trío estable sobre todo porque, además de que me gustaba a rabiar y de que conseguía reventarme de gusto en la cama, la chica se merecía vivir dichosa y feliz después de que, tras una infancia bastante normal, no hubiera podido disfrutar de su juventud al haber contraído de forma voluntaria el más que loable compromiso de atender a sus progenitores.
Nina, que apenas podía moverse y se la hinchaban mucho las piernas al sufrir una importante retención de líquidos, lucía un monumental “bombo” cuándo se convocaron las pruebas. El día del examen coincidí a con Sonia pero como llegué con el tiempo justo y teníamos que dirigirnos a aulas diferentes sólo pudimos darnos un beso y desearnos mucha suerte. Al terminar la estuve esperando con la intención de hablar con ella pero al salir del aula la acompañaban otras opositoras y cuándo se quedó sola y me dispuse a abordarla, me topé con su padre, que de malas formas, me dijo que me olvidara de una puñetera vez de su hija mientras empujándola la hacía abandonar aquel lugar. La llamé más tarde por teléfono pero siempre lo encontré apagado ó fuera de cobertura. Aunque Sonia no aprobó, superé las pruebas selectivas con buena puntuación por lo que, meses más tarde, pude elegir destino de acuerdo con lo que había acordado con Inma y contando con el beneplácito Ana Rosa sin que llegara a considerar que me podía haber hecho con un puesto excelente en mi actual localidad de residencia. Además y gracias a ello, conseguí abandonar la “organización”, que me tenía atado hasta los cojones con intención de no tener que prescindir de un excelente semental, tras haber demostrado mi virilidad dejando preñadas a cinco de las seis integrantes de mi grupo, a todas menos a la ecuatoriana y a la asiática por partida doble además de a una chica joven que sustituyó a Nina a la que, además de que parecía una colegiala, la gustaba vestir como tal y llevar trenzas.
Desde entonces ha pasado año y medio. En este tiempo la única relación “extramatrimonial” que he mantenido ha sido con otra asiática, menuda y morena, familiar lejano de la chica a la que hice un “bombo” doble en la “organización”, que trabajaba al mismo tiempo en un comercio de todo a cien y en un restaurante chino, que deseaba disfrutar del sexo con un europeo bien dotado antes de contraer matrimonio y que, además de chuparme la verga de maravilla y hacerla vibrar de gusto cada vez que se la “clavaba” por el chocho, acabó comprobando que, a pesar de que me decía que su ojete era muy estrecho y que no la iba a caber una chorra como la mía, excitándola debidamente el ano dilataba lo suficiente como para permitir que se la metiera por el culo con lo que pudo disfrutar de esa sensación de dolor y placer que el sexo anal origina en las hembras. Aquella relación duró algo más de cuatro meses hasta que la joven decidió dejar de mantener relaciones sexuales conmigo ante la proximidad de la fecha en la que debía de casarse. Gracias a ella Ana Rosa logró volver a trabajar como guarda de seguridad en una empresa que se encarga de vigilar dos conocidas cadenas de comercios de confección textil. Al contar con tres sueldos y poder vivir sin demasiados aprietos decidimos olvidarnos de los alquileres y aprovechar la crisis económica para adquirir a buen precio una vivienda propia que reformamos a nuestro gusto y en la que residimos desde hace tres meses y aunque no descarto el volver a formar parte de la “organización”, si es que existe en mi actual lugar de residencia cosa que dudo, para obtener unos ingresos extraordinarios con los que abonar en pocos años la hipoteca de nuestro domicilio al mismo tiempo que desarrollo una actividad muy placentera y paso las tardes entretenido, ahora llevo una vida sexual mucho más relajada aunque Ana Rosa e Inma se ocupan de que vacíe con regularidad mis huevos sacándome cuatro ó cinco polvos diarios número que suele incrementarse los fines de semana. Me encuentro a gusto a su lado y me encanta que busquen nuevos estímulos sexuales. El último ha sido adquirir una braga-pene con el miembro duro, gordo y largo para que entre Ana Rosa y yo podamos penetrar a Inma, que ha vuelto a lucir un poblado “bosque” pélvico, al mismo tiempo por delante y por detrás y para que, mientras una de ellas se encarga de “cascármela” para que eche unas cuantas raciones de leche y de pis, la otra me de por el culo. Además, considero que ya he hecho un buen número de “bombos” y como nunca me he llegado a plantear el tener hijos propios, con estas dos chicas estoy libre de ese tipo de sorpresas al ser más que improbable que los conciban ya que Ana Rosa, que se va acercando a los cuarenta años, tiene serios problemas con su ovulación y sus reglas mientras que a Inma la he dejado preñada tres veces y a cuenta de su malformación uterina, a las pocas semanas sufre hemorragias y pierde al feto. Lo que espero es que mi aguante y potencia sexual no disminuya con el paso de los años para poder seguir dándolas mucho gusto al mismo tiempo que disfruto plenamente de ellas.
Bueno, amigos, hasta aquí mi historia. Sólo me queda agradeceros vuestra atención e interés al leerla y confiar en que os haya gustado. Si alguno ó alguna quiere enviarme algún comentario puede hacerlo a través de Alba que me lo hará llegar. ¡Sed felices, recordad que el sexo es una parte primordial de nuestra vida y hasta siempre!.
F I N.
Relato enviado el Viernes, 23 de Julio de 2010 y leido 42 veces.
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