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Enviado por GINECOLOGA. 355 puntos. Leido 39 veces
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Durante este tiempo Nuria empezó a darse cuenta de que Lucia la había llegado a dominar de la misma forma que me había sometido a mí hasta que se cansó; al marido de Jimena; a la joven pareja, compuesta por Gabriel y Ana, con la que disfrutaba enculando al chico mientras este se tiraba por vía vaginal a la chavala para más tarde turnarse en penetrarla ambos por el trasero ó “clavársela” al mismo tiempo por delante y por detrás ó a los demás hombres a los que, en pocos meses, había humillado, poseído, sometido y ultrajado para, al final, reírse de ellos. Nuria, al acabar una de sus clases, me indicó que, después de tener una discusión muy fuerte, había roto y de manera definitiva su relación con Lucia y me pidió que volviéramos a mantener nuestras sesiones sexuales ya que la encantaría continuar sacándome la leche de lunes a jueves a base de “cascarme” la chorra de diferentes maneras y en distintas posiciones. La respondí que con las relaciones que mantenía en aquellos momentos semejante actividad, tras más de un año sin incluir otra novedad que no hubiera sido el chuparme el cipote a su manera y muy de vez en cuándo, no despertaba demasiado interés en mí. La “culo flaco” me confesó que Lucia nunca se había opuesto a que “ordeñara” al sexo masculino siempre que no fuera “mariposeando” de nabo en nabo e intentara mantener contactos estables y que tenía el propósito de seguir así. A pesar de que no conseguíamos llegar a ningún acuerdo me decidí a aprovechar aquella oportunidad para empezar a desquitarme de ella y bajándome el pantalón y el calzoncillo la hice arrodillarse delante de mí y demostrarme su buena voluntad introduciéndose el pene en la boca para comérmelo entero. Nuria, antes de decidirse a hacerlo, se desnudó de cintura para arriba dejando sus tetas al descubierto y puso su mejor voluntad en complacerme pero, sabiendo que empezaría a sufrir arcadas y náuseas en cuanto la punta la golpeara el gaznate, la agarré con fuerza de la cabeza y tirándola del pelo, la hice continuar aunque no dejaba de soltar una gran cantidad de saliva con algún que otro indicio de vómito. Finalmente, “descargué” muy complacido con unas ganas increíbles y la obligué a recibir y tragarse mi leche con la picha totalmente introducida en su boca con lo que estuvo a punto de ahogarse. En cuanto acabé de echarla la lefa, se la sacó de la boca y tomó aire para no tardar en devolver mientras la apretaba las tetas y la insultaba. Después la empujé con bastante fuerza y cierto desprecio haciendo que cayera al suelo, me coloqué a su lado, la subí su ceñida falda, la desgarré la braga y la toqué el coño comprobando que, a pesar de todo, la muy guarra había llegado al clímax formando una buena mancha en su prenda íntima con su “baba” vaginal. La indiqué que, puesto que la había gustado, confiaba en que me la comiera así a diario y Nuria me contestó afirmativamente con su cabeza mientras, evidenciando que sólo con pensarlo se la revolvía el estómago e iba a devolver de nuevo, se incorporó para dirigirse apresuradamente hacia el aseo más cercano. Desde aquel día, la “culo flaco” me realizó, en un water de la facultad, unas prodigiosas mamadas esmerándose cada vez un poco más por complacerme.
Pero no me sentía plenamente satisfecho con aquello y decidí ampliar mi venganza haciéndola disfrutar en la misma sesión de las delicias de la penetración, tanto vaginal como anal, teniendo un interés especial en darla por el culo al suponer que, como a la mayoría de las mujeres, no la iba a agradar mucho que se la “clavara” por detrás. Como llevaba una temporada vistiendo asiduamente pantalones ajustados para luego cubrirse el trasero con chaquetas de punto largas y pretendía cepillármela cuando llevara vestido puesto que con falda se me facilitaba la labor en caso de que me encontrara con su oposición y no deseaba precipitarme, me lo tomé con calma en espera de que llegara el momento adecuado. Un día me enteré de que el viernes siguiente se iba a celebrar por la mañana un claustro de profesores y que, al acabar, se reunirían en una comida de hermandad. Me supuse que, al finalizar la celebración, acudiría a la facultad por lo que la esperé pacientemente delante de la puerta de su despacho. Cuándo llegó y a medida que se iba acercando a mí, observé que llevaba puesta una blusa estampada con más botones de los necesarios desabrochados con lo que dejaba al descubierto una buena porción de sus tetas y el canalillo y una falda bastante ajustada y abierta por los laterales que, al andar, la permitían lucir sus piernas casi hasta la altura de los muslos. En cuanto me vio, me sonrió y se interesó por saber lo que quería. La respondí que pretendía hablar con ella y Nuria me dijo que pasara puesto que, después de una buena comida, la apetecía charlar y pasar un rato agradable. Mientras la fémina subía las persianas del despacho para que entrara la claridad, cerré la puerta con llave, apagué la luz y me desnudé. La pilila, con toda la piel bajada, parecía brillar y estar a punto de “explotar”. Nuria centró su mirada en el capullo. Me coloqué a su lado y dejé que me la tocara. Mientras lo hacía, acerqué mis labios a los suyos y viendo que respondía adecuadamente al estimulo ya que me besaba llena de pasión, aproveché para desabrocharla sin muchos miramientos la blusa y rompiéndola el sujetador la dejé las tetas al aire antes de que la subiera la falda y la bajara un poco la braga para, tras conseguir que dejara de sobármela y movérmela, comenzar a restregar mi erecta y larga pirula en el exterior de su chorreante seta. Después se la puse entre las piernas lo que me permitió sentir como me mojaba la base con su “baba” vaginal. Nuria no tardó en separarse de mí para quitarse la falda y su prenda intima y tumbarse, abierta de piernas, sobre la mesa pidiéndome una y otra vez que se la metiera. Pero, en vez de hacerlo, me recreé durante unos minutos pasándosela por la raja de su abierta y amplia “cueva” vaginal. Nuria deseaba que me la follara pero, por más que me lo pidió, lo único que logró fue que la introdujera un instante la punta ya que me estaba gustando hacerme de rogar. Se encontraba tan cachonda que, en medio de su agitada respiración y sus jadeos, noté que, sin haber llegado a “clavársela”, comenzaba a tener convulsiones pélvicas lo que me hizo suponer que estaba a punto de alcanzar el orgasmo lo que Nuria me confirmó cuándo, totalmente fuera de sí, me dijo:
“Métemela de una vez, so cabrón, que me está viniendo y me voy a correr”.
Se la introduje de golpe hasta los huevos y empecé a tirármela con movimientos circulares muy lentos. La hembra no dejaba de pedirme que me la “trajinara” mucho más deprisa pero, sin hacerla el menor caso, necesitó pocos segundos para empaparme todo el pito en su abundante “baba” vaginal evidenciado que la estaba gustando, que acababa de llegar al clímax y que quería que continuara con mi labor mientras ella iba pasando de un orgasmo a otro con tanta celeridad que estaba disfrutando del cuarto cuándo “descargué” dentro de su almeja sintiendo que aquel era el polvo que más había deseado echar en mi vida. Nuria se meó de autentico gusto y al más puro estilo fuente mientras notaba caer en su interior mi copiosa leche. Seguí cepillándomela vaginalmente unos minutos más y en cuanto la saqué la polla, la ayudé a levantarse para que se apoyara en la mesa, dándome la espalda y manteniendo las piernas muy abiertas. No me lo pensé, la abrí el ojete con mis dedos, la obligué a doblarse y con un par de envites se la “clavé” entera por el culo. Nuria, a pesar del dolor que sentía, aguantó muy bien pero creo que, al notar que la estaba perforando el intestino, pensó en gritar aunque optó por morderse los labios y aguantar dándose cuenta de que, aparte de desear que la poseyera y que culminara de manera satisfactoria esa penetración anal, estábamos prácticamente solos en esa zona de la facultad y nadie la hubiera oído. Si cuándo se la introduje por delante hice todo lo posible por retener al máximo mi eyaculación para poder disfrutar durante más tiempo del acto sexual, al darla por el culo lo hice de la manera más bárbara que pude y con movimientos rápidos mientras, cogiéndola de la cintura, la obligaba a colaborar y a mantener apretadas sus paredes réctales contra mi rabo para aumentar nuestro placer. Me eché sobre su espalda para sobarla las tetas y ponerla los pezones en órbita mientras me decía que la estaba haciendo mucho daño; que tuviera en cuenta que ningún hombre se la había metido nunca por el trasero; que la iba a desgarrar el ano y que se estaba meando sin poder hacer nada por evitar que se la saliera el pis. Me sentía en la gloría y aguanté todo lo que pude pero, dándome un gusto increíble, mi lefa salió en espesos y largos chorros con mucha más rapidez de la que hubiera deseado. Me consideré complacido de haber acabado con la virginidad anal de aquella guarra mientras la soltaba una monumental meada dentro del culo. Nuria, tras recibir mi semen y mi pis, empezó a pedirme que la sacara la verga ya que se estaba cagando pero la mantuve en su interior sin dejar de moverme al mismo tiempo que continuaba apretándola las tetas y acariciándola su “caldoso” chocho con mi mano extendida consiguiendo que, además de flujo, echara unos cuantos chorros más de pis. Estaba tan a gusto que pensé en continuar para echarla otro polvo pero me pareció que aquella cerda ya había tenido suficiente por aquel día y me detuve con el propósito de que la chorra fuera perdiendo su erección para extraérsela de golpe momento en el que evacuó masivamente. La mujer se sintió humillada al verse en la obligación de defecar y en tal cantidad en mi presencia mientras la mantenía bien abierto el ojete con mis dedos por lo que la dije:
“Hoy has debido de comer muy bien por la gran cantidad de mierda que estás echando”.
Después de la salida en tromba de una gran cantidad de caca líquida, me hubiera agradado el poder “degustar” el gordo y largo “chorizo” de mierda que, ligeramente impregnado en mi leche y pis, expulsó pero me reprimí al pensar que, si lo hacía, se sentiría complacida y lo dejé caer al suelo. En cuanto apareció por el ano el segundo follete se lo metí hacía dentro empujándolo con dos de mis dedos que dejé en su interior para poder hurgarla durante unos minutos en todas las direcciones buscando el provocarla un vaciado total de su intestino que se produjo en cuanto se los extraje. Esta vez su caca fue totalmente líquida y una vez más, la expulsó en tromba. Visiblemente satisfecho me limpié meticulosamente los dedos en su “felpudo” pélvico y mientras seguía cagando sin moverse de su posición, procedí a vestirme. Después la pasé repetidamente mi mano derecha extendida por el coño y se lo apreté haciendo que volviera a echar unos cortos pero muy intensos chorros de pis y al final, la agarré del “bosque” pélvico y la dije que, a partir de aquel momento, lo repetiría siempre que me apeteciera y que la quitaría a tirones aquellos pelos si no me dejaba plenamente satisfecho. Nuria, entregada y exhausta, volvió a asentir con la cabeza e intentó besarme pero rechacé sus labios y mirándola con desprecio la indiqué, al mismo tiempo que se las apretaba con mis manos, que debía de intentar mantener sus tetas tan prietas y tersas como esa tarde. Recogiendo del suelo su destrozado sujetador y la braga, los olí y abandoné el despacho con las prendas íntimas en la mano, satisfecho de haberla poseído por delante y por detrás y pasar de ser dominado a convertirme en dominador.
A pesar de que echaba un buen número de polvos diarios entre la “organización” y las sesiones sexuales que mantenía por la noche con Ana Rosa, Andrea y Sonia y mis huevos se veían obligados a reponer leche con frecuencia, me tomé aquello como un reto personal por lo que Nuria se vio obligada a chuparme el cipote, con esmero, ganas y totalmente introducido en su boca, casi a diario por lo que llegó a habituarse a sacarme, recibir y tragarse dos polvos seguidos y una de mis meadas además de que, al menos dos veces por semana, me la follaba por vía vaginal y anal. Me gustaba que la muy cerda se hubiera opuesto siempre a mantener sesiones sexuales completas pero que fuera sacando el gusto al sexo hetero, colaborando y disfrutando plenamente incluso cuándo la metía el nabo por el culo en plan salvaje y tras “descargar” y mearme en su interior, la provocaba unas masivas defecaciones que, generalmente, eran sólidas, cosa que no era demasiado habitual entre las féminas, para acabar convirtiéndose en unos procesos diarreicos bastante prolongados con los que se acrecentaba su escozor anal lo que hizo que no me llegara a plantear el empezar aquellas sesiones sexuales perforándola el trasero si luego pretendía “clavársela” por delante. Además, cada vez que me chupaba el pene las tetas se la ponían prietas y tersas, los pezones totalmente erectos y alcanzaba el orgasmo y se mojaba en cuanto la soltaba la leche en el gaznate. Pero la “culo flaco” no era precisamente tonta y no tardó en darse cuenta de que, con toda la actividad sexual que tenía que desarrollar con Ana Rosa, Andrea y Sonia, si me la estaba tirando era como venganza y que, al igual que había hecho conmigo, el día menos pensado empezaría a humillarla y a ultrajarla en público por lo que, hasta que accedí, no dejó de pedirme que nos sentáramos a hablar sobre nuestro futuro.
Decidimos charlar en un lugar público y uno de los más adecuado era la cafetería de la facultad. Pero Nuria, en vez de mostrarse abierta, dialogante y receptiva, cometió el tremendo error de empeñarse en llevar la voz cantante y ponerse en un plan intransigente. Comenzó diciéndome que no entendía que me pasara una noche tras otra en el domicilio de Ana Rosa junto a Sonia, a la que calificó de “putón verbenero” puesto que se la había cepillado parte del alumnado masculino, a Andrea, una zorrita que procreaba a cambio de una sustanciosa cantidad de dinero y a la guarda de seguridad, que de tanto darla por el culo tendría el intestino y el ojete tan dilatados que siempre cagaría blando y sin necesidad de apretar y podría introducírsela un cañón por el ano, encontrando tanta satisfacción en follármelas que no me percatara de que, tras haber sacado un excepcional provecho sexual de ellas, lo mejor que podía hacer era suplirlas por otras hembras que se encontraran dispuestas a ofrecerme su seta, boca, culo y tetas hasta llegar a disfrutar de una buena variedad de “yeguas” muy viciosas. Más tarde, me acusó de haber convertido a Ana Rosa en una dócil perrita y a Sonia en una sumisa “saca leches, mea pilas y lame culos” cuándo ambas habían decidido asumirlo voluntariamente. Como desconocía que llevaba varios meses formando parte de la “organización” me recriminó el estar preparando unas oposiciones mientras cursaba mis estudios universitarios con lo que, según ella, me limitaba demasiado puesto que un semental como yo en lo único que tenía que pensar era en “trajinarme” a las mujeres y echarlas la leche cuantas más veces mejor. Viendo que no conseguía convencerme con aquellos comentarios me dijo que, con su apoyo, tanto Sonia como yo podríamos acabar nuestra carrera sin apenas estudiar, que nos ayudaría a encontrar un buen trabajo y que si lo que necesitaba era ganar dinero me tendría que olvidar de Ana Rosa, Andrea y Sonia, a las que en esta ocasión llamó “niñatas pedorras”, para obtenerlo del sexo, explotando al máximo mi picha y mi excepcional potencia sexual, para poder tirarme y una vez tras otra, a féminas hechas y derechas que estarían dispuestas a gratificarme espléndidamente por cada polvo que las echara llegando a comentarme que, si algún día llegábamos a plantearnos el vivir juntos, se ocuparía de que no me faltara clientela y tuviera el debido surtido de hembras en buena posición económica dispuestas a permitir que las hiciera de todo, incluso a dejar que me cepillara a sus hijas, con tal de que siguiera satisfaciéndolas. Me supuse que esa propuesta hubiera tenido una magnifica acogida y una inmediata respuesta afirmativa por parte de varios de mis compañeros de estudios, que estaban deseando echar unos cuantos “quiquis” y si además eran remunerados mucho mejor, pero estaba muy satisfecho con la actividad sexual que desarrollaba en esos momentos y decliné el ofrecimiento. Nuria, visiblemente enfadada, me miró indignada y se levantó de la silla con intención de irse pero la agarré con fuerza del brazo, la obligué a girarse y tocándola las tetas por encima de la ropa en público la dije que esperaba que siguiera siendo mi puta y que esperaba que quince minutos más tarde acudiera al archivo que tanto habíamos frecuentado para chuparme la pilila. La “culo flaco”, lógicamente, acudió a la cita y convertida en una dócil corderita, me hizo una espléndida y larga mamada sacándome dos polvos y una copiosa y larga meada.
Continuará.
Relato enviado el Martes, 20 de Julio de 2010 y leido 39 veces.
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