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LA PROFESORA CON LA QUE ME LIE SEXUALMENTE (Parte doce).

Enviado por GINECOLOGA. 355 puntos. Leido 33 veces

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Aquel hecho sucedió en las fechas previas al inicio del periodo vacacional de Navidad y casi al mismo tiempo en que se decidió que, como parte de mis compañeros trabajaba, el curso se reanudaría desarrollando las clases de lunes a jueves en horario de tarde lo que me permitió volver al lado de Ana Rosa, que seguía teniendo asignado el turno vespertino de trabajo y con la que durante ese tiempo solamente había podido pasar los fines de semana. Viendo que su situación personal con Nuria no mejoraba puesto que la profesora intentaba hacerla la vida imposible para que abandonara su trabajo, me decidí a comentar con ella, que preveía algo parecido, lo que me había sucedido. Ana Rosa me indicó que era evidente que aquellas dos cerdas viciosas no se habían dado por satisfechas hasta que habían logrado someterme sexualmente antes de contarme muchas cosas sobre ellas. La mayor parte las conocía pero hubo otras que no y algunas me resultaron de lo más sorprendentes como el hecho de que Nuria no mantuviera relaciones sexuales frecuentes con su amiga sentimental, a pesar de vivir juntas puesto que su principal y casi única misión era la de suministrarla de “carne fresca y joven” intentando que las chavalas se pusieran a plena disposición de Lucia en los días previos a sus ciclos menstruales, en los que consideraban que tenían un mayor deseo sexual, prometiéndolas que, con ello, lograrían mejorar su puntuación en las asignaturas que llevaban a rastras. Por lo visto y Ana Rosa lo sabía puesto que había mantenido durante un tiempo contactos sexuales periódicos con Lucia, esta exigía sesiones con vaciado integral y gran cantidad de “baba” vaginal, pis y caca y cuándo no se cumplían todos los requisitos, la joven tampoco conseguía esas décimas de punto que Nuria la prometía. A Lucia la encantaba que la chica se tumbara sobre ella muy abierta de piernas para, agarrándola con fuerza de la masa glútea y metiéndola un par de dedos en el ojete, obligarla a permanecer muy apretada para que tuviera que restregar su coño y sus tetas con ella hasta que la educadora se meaba de gusto mojando con su pis a la joven a la que, más tarde, metía todo tipo de “juguetitos”, aunque el que más usaba era un consolador de rosca y se la follaba, vaginal y analmente, durante un montón de tiempo con la ayuda de una braga-pene hasta que la chica se vaciaba por completo y si se encontraba con alguna que tenía un aguante sexual encomiable, la remataba con un fisting vaginal a dos manos con el que terminaba exhausta, muy escocida y sin ganas de sexo para varios días.



Consideré que, a través de aquella actividad sexual, Lucia y Nuria estaban convirtiendo en unas golfas muy guarras a buena parte de mis compañeras, la mayoría de ellas de lo más apetecible y sensual, mientras continuaban comportándose como las autenticas pijas que eran y no dejaban de malgastar saliva y empleaban todo el dinero del que disponían en ropa, incluso interior, a la moda. Ana Rosa me comentó que lo que a Lucia y Nuria las hacía falta era que un hombre las bajaras los humos, tirándoselas una y otra vez, aunque ellas se opusieran, hasta llegar a convertirlas en unas dóciles perritas. Pero, en aquellos momentos, las dos profesoras se encontraban de lo más entusiasmadas exprimiendo al máximo a una de mis compañeras, que evidenciaba ser una gran adicta al sexo y a su novio que, al parecer, también estaba magníficamente dotado y era un buen semental hasta el extremo de que no se acordaban demasiado de mí por lo que decidí aprovecharme de que Nuria estaba bastante liada buscando chicos dotados de una verga de un tamaño superior al normal y de un más que aceptable aguante sexual para presionarla de manera que, a cambio de poder continuar disfrutando de mi chorra en cuanto se la pasara aquel furor inicial por esa pareja, me facilitara a algunas de las estudiantes a las que su amiga desechaba tras convertirlas en unas cerdas zorritas para que, por medio del sexo hetero con penetración, pudieran recuperar esas décimas de punto por sesión sexual satisfactoria en la que hubieran participado.



Nuria no me puso ninguna pega para acceder a mi pretensión por lo que no tardó en facilitarme a jóvenes de lo más potables, a las que pedía que se presentaran sobre las diez de la noche en el domicilio de Ana Rosa vestidas en el plan más provocativo y sugerente que pudieran, para que me las pudiera cepillar en presencia de mi amiga que, a pesar de que vio que nuestra actividad sexual se reducía considerablemente, disfrutaba observando como las obligaba a “cascármela” y chupármela antes de que me las follara por delante y por detrás, desvirgando a la mayoría el culo, para que Ana Rosa las rematara haciendo que se mearan y algunas por tercera ó cuarta vez, metiéndolas un par de dedos en la seta para presionarlas la vejiga urinaria y que liberaran su esfínter y defecaran, incluso en más de una ocasión, delante de nosotros que, cuándo nos apetecía, nos dábamos un autentico festín con el pis y la caca que echaban.



Pero me sorprendía que, a pesar de ser jóvenes y de lo más sugerentes físicamente, la mayor parte resultaran sumamente sosas en la cama limitándose a dejarse hacer ó haciendo todo aquello que las mandaba pero sin llegar a colaborar lo necesario y desconociendo, por ejemplo, que su almeja se mantenía mucho más aireada si vestían faldas y que adquiría un olor mucho más fuerte y penetrante cuándo usaban pantalones ó que tenían que apretar sus paredes réctales contra mi cipote cada vez que las daba por el culo para intentar disminuir su dolor e incrementar nuestro mutuo placer. Eso sí, casi todas “rompían” con una facilidad pasmosa, eran multiorgásmicas, llegaban con mucha frecuencia e intensidad al clímax disfrutando plenamente de ello y echaban “baba” vaginal y pis a discreción pero sin conseguir que acabaran convirtiéndose en el tipo de hembra muy ardiente, cerda y viciosa que, como Ana Rosa, Inma, Maribel ó Piedad, tanto me gustaba y que sabía “ponerme” para lograr que, en vez de dos, la echara tres ó cuatro polvazos seguidos.



Aunque me complacía el poder disponer de un buen surtido de chavalas jóvenes a las que poder tirarme, aquello no llegaba a satisfacerme por completo pero lo que sí que me complacía era haber conseguido que Nuria me la chupara cada vez que nos veíamos fuera de las aulas e introduciéndose en la boca prácticamente tres cuartas partes de mi nabo. Conseguí que me enviara a Azucena y Noelia, mis compañeras de mesa en el comedor de la residencia de estudiantes, que como las demás y a pesar de todo lo que habían fardado delante de mí, carecían de la suficiente “salsa” en la cama. Llevaba unas semanas cepillándomelas por separado a días alternos y bastante a gusto por cierto, cuándo una noche al llegar al domicilio de Ana Rosa nos encontramos en el rellano de la escalera con Sonia María (Sonia) una chica que trabajaba los fines de semana como camarera en un restaurante y después, como gogó en una discoteca que, en teoría, también estaba alojada en la misma residencia que yo. La joven, que dijo que nos estaba esperando, me había tenido encandilado desde el momento en que la vi por primera vez puesto que se trataba de la mujer más perfecta y a mi gusto que había tenido ocasión de conocer. Alta, delgada, con una gran melena de pelo rubio un poco rizado, una cara muy sensual que me hacía desear que mi pene quedara acoplado en su boca, unos ojos preciosos y un cuerpo deseable, fino y liso. La chica, segura de si misma y vistiendo un pequeño top que sólo la cubría las tetas, una falda corta y fina y unas botas por encima de sus rodillas nos indicó que la enviaba Nuria para que la ayudáramos a subir su puntuación media en los estudios. Si la chavala “ponía” a cualquier hombre vestida, en cuanto se desnudó se convirtió en una diosa. No sé ni el tiempo que me la follé, ni el número de polvos y meadas que la eché pero lo que recuerdo es que la solté varias veces la lefa y que, a pesar de que eyaculaba con bastante más rapidez de la habitual, en todas las ocasiones sentí un inmenso gusto y que la leche salió en cantidad superior a la normal. Sonia, que colaboró todo lo que pudo, acabó exhausta y al final, mientras Ana Rosa la mantenía abiertos los labios vaginales con intención de prepararla para realizarla un fisting, nos confesó que nunca había llegado a disfrutar tanto del sexo ni a alcanzar un número tan elevado de orgasmos y que, aunque tenía novio y se la tiraba con asiduidad, no había conseguido darla tantísimo gusto quizás por no estar dotado de una picha tan gorda y larga como la mía ni saber hacérselo con esos movimientos de mete y saca circulares con los que había sentido las sensaciones más placenteras de su vida hasta llegar a convulsionársela de placer todo el cuerpo.



Sonia decidió repetir aquella experiencia tres días por semana lo que nos hizo pensar que tenía que mejorar la nota en varias asignaturas. Cada vez que me la cepillaba se sentía más golfa y guarra y la agradaba que tanto Ana Rosa como yo la forzáramos hasta superar el límite de su aguante sexual y que, al igual que hacíamos nosotros con su micción y defecación tanto líquida como sólida, la permitiéramos beberse íntegras nuestras meadas y comerse nuestra mierda. Además, se entendía a la perfección con Ana Rosa y la gustaba poder pasarse un montón de tiempo acostada encima ó debajo de ella restregando sus cuerpos. Una noche nos comentó que, tras pensarlo mucho, había decidido romper con su novio ya que consideraba que sus verdaderos amores éramos nosotros puesto que nunca se había sentido tan plenamente integrada con el sexo y habíamos conseguido que se sintiera mucho más femenina y viciosa que antes de conocernos; que pretendía vivir con nosotros y que si era preciso, estaba dispuesta a servirnos y no sólo en el sexo. Desde aquel momento la empezamos a atar a la cama y a mostrarnos muy sádicos con ella pero cuánto más la exigíamos, castigábamos y forzábamos, más se esforzaba por complacernos hasta llegar a convertirse en nuestro water personal y en una muy dócil perrita deseosa de satisfacer en todos sus deseos a sus amos. La chavala, además, estaba pendiente de nosotros. Un día tropecé fortuitamente y sufrí un leve esguince en la rodilla izquierda y durante casi dos semanas me dedicó todo su tiempo libre permaneciendo a mi lado para que tuviera la pierna en reposo y no me faltara de nada. Más adelante y viendo que, aunque siempre han sido copiosas y largas, cada día sentía con más frecuencia una imperiosa necesidad de mear, seguramente a cuenta del desgaste que iba sufriendo con la actividad sexual que desarrollaba, logró que me planteara el dejar de dedicar tanto tiempo al sexo teniendo en cuenta que podía vaciar mis cojones siempre que quisiera con Ana Rosa y con ella y que, en su lugar, buscara una ocupación laboral para poder convivir los tres sin demasiados apuros económicos puesto que los ingresos que tanto Ana Rosa como ella obtenían no eran elevados. En pocos meses pasé por varios trabajos antes de que Sonia, viendo que no duraba en ninguno y aunque no quería tener que mencionarlo a menos que nuestra situación económica llegara a ser desesperada y precaria, me propusiera enrolarme en uno que, según dijo, me iba a encantar y a resultar sumamente agradable y placentero pero, antes de que me hablara de él, me hizo prometerla que íbamos a preparar juntos unas oposiciones para entrar a formar parte del personal fijo de la administración.



Continuará.


Relato enviado el Miércoles, 14 de Julio de 2010 y leido 33 veces.

 

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