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Al iniciarse el nuevo curso Nuria se convirtió en la tutora de mi nuevo nivel a pesar de que sólo iba a impartir clases de una asignatura pero, año tras año, su convivencia y el mantener satisfecha a Lucia, la otra profesora, mediante el sexo lesbico ocasionaba que su poder fuera subiendo como la espuma consiguiendo todo lo que se proponía. A pesar de que no me agradó que se mostrara mucho más altiva y dominante que el curso pasado no tardamos en reanudar nuestra actividad sexual, tanto matinal como vespertina y sin ningún tipo de compensación económica, prodigándose en sacarme la leche varias veces meneándome el pito con su mano, casi siempre colocado a cuatro patas y muy abierto de piernas, girándomelo hacía atrás, dándome un buen número de golpes en los cojones y abriéndome continuamente el ojete con la mano que tenía libre para pasarme sus dedos por él antes de lamérmelo, llenármelo de saliva y finalmente, perforármelo con sus pulgares puesto que la complacía que, con la polla mirando a mis pies, la eyaculación tardara en producirse y que, cuándo echaba la leche, fuera de una forma abundante y larga para seguir recogiéndola en un vaso con el propósito de bebérsela ó de untarse la cara y las tetas con ella. A cuenta de aquella actividad sexual la “culo flaco” se ponía muy cachonda por lo que, al final, accedía a chuparme el rabo con su peculiar manera de hacerlo y que, a pesar de todo, me gustaba, de la misma forma que me encantaba que me lo “cascara”, aunque me fastidiaba que pocas veces me permitiera culminar echándola el semen en la boca. Durante las primeras semanas de aquel curso me di cuenta de que Nuria “pasaba” de Ana Rosa hasta el punto de no dirigirla la palabra aunque viendo los espectaculares orgasmos que alcanzaba cada vez que me dejaba masturbarla ó comerla la almeja y la facilidad con la que liberaba el esfínter cuándo la hurgaba en el trasero con mis dedos ó con alguno de los “juguetitos” que solía llevar en su bolso, pensé que había conseguido suplir a la joven de una forma tan perfecta que la profesora había decidido prescindir de ella.
Pero el verdadero motivo de que la amistad entre las dos hembras se hubiera deteriorado era yo y sobre todo el hecho de que Ana Rosa no la hubiera hablado de las sesiones sexuales que, desde hacía un año, manteníamos en el domicilio de la chica ni de que habíamos pasado juntos parte del periodo vacacional veraniego. Pero como no estaba dispuesto a renunciar a Ana Rosa ni Nuria se atrevió a hacerme ninguna mención al respecto, decidí ir a la residencia de estudiantes sólo para comer y continuar viéndome con la joven en su domicilio a diario por la noche hasta casi convertirnos en pareja de hecho puesto que, prácticamente, pasaba todo mi tiempo libre en su casa y cuándo, al surgir un par de vacantes en la facultad, tuve la posibilidad de volver a mi lugar de residencia junto a mi familia, Inma, Maribel y Piedad, que estaba a punto de parir a las dos hijas que la había engendrado, no llegué ni a planteármelo ya que me encontraba muy a gusto en compañía de Ana Rosa.
Nuria, bastante dolida, celosa y hasta enrabietada a cuenta de mi manifiesto favoritismo por Ana Rosa, decidió comenzar a coaccionarme con hundirme consiguiendo que me expulsaran de la facultad, lo que en aquellos momentos hubiera sido una verdadera catástrofe, para poder “usarme” como un objeto sexual y humillarme al permitir que, cuándo me encontraba en posición y con la verga bien tiesa, aparecieran por el archivo varias de mis compañeras de estudios que, complacidas y sonrientes, podían presenciar como era sometido a todo tipo de ultrajes y vejaciones por parte de la profesora que no dejaba de insultarme; “cascarme” la chorra en diferentes posiciones y de diversas formas sacándome una y otra vez la leche, que casi siempre era recibida con evidentes muestras de asombro por parte de las espectadoras y el pis; hurgándome en el ojete hasta conseguir que defecara delante de ellas, a pesar de que la mayoría mostraba su repugnancia en cuanto Nuria me extraía los dedos bien impregnados y a ponerme el culo como un tomate. Pero, como dice el refrán, “el que ríe el último, ríe mejor” y tras presenciar el espectáculo, de allí no salía ninguna sin desnudarse de cintura para abajo para que Nuria pudiera tocarlas el chocho con el fin de comprobar el grado de humedad que habían alcanzado antes de que, sin demostrar ningún interés por el resto de su físico, obligara a las que la tenían más “caldoso” a acudir al despacho de Lucia para que esta las viera y decidiera cuándo y donde quería cepillárselas con lo que se aseguraba de que las chavalas guardaran todo aquello en secreto.
Pero su obsesión era evitar a toda costa que los días lectivos pasara las veladas nocturnas con Ana Rosa por lo que me obligó a que, al salir por la tarde de la facultad, me dirigiera al domicilio de Lucia que, de inicio, no me recibió demasiado complacida y resultó ser una mujer mucho más dominante, grosera, guarra, sádica y viciosa que Nuria aunque, poco a poco, fue “sacando el gustillo” a aquella situación. La complacía “ordeñarme” con los pies y presenciar como su amiga me la “cascaba” poniéndome el cipote hacía abajo y hacía atrás para movérmelo lentamente al mismo tiempo que me apretaba y golpeaba los cojones con la intención de que la eyaculación, que en tales posiciones tardaba en producirse, se demorara aún más pero sin afectar a la cantidad de leche que echaba. Lucia aprovechaba aquello para ocuparse de mi trasero, abriéndome y cerrando continuamente el ojete con lo que conseguía que expulsara un buen número de ventosidades antes de meterme y bien profundos, sus dedos y ciertos “juguetitos” como consoladores de rosca, vibradores y bolas chinas que era con las que más rápidamente lograba lo que pretendía ya que me hacían efecto enseguida y siempre me las sacaba bien impregnadas para que, acto seguido, defecara delante de ella puesto que la encantaba verme cagar y “degustar” una parte de la caca que soltaba. En cuanto terminaba de evacuar y mientras Nuria seguía moviéndomela y sacándome leche y pis, Lucia se colocaba una braga-pene con un “instrumento” flexible pero muy largo y sin dejar de insultarme, me lo “enjeretaba” entero por el culo y procedía a moverse convenientemente con lo que pude sentir en mi propia carne todo lo que había hecho padecer a la mayoría de las féminas a las que, hasta ese momento, había poseído por el trasero. Aquella actividad sexual me llegó a parecer, además de degradante, interminable puesto que Nuria no se cansaba de moverme el nabo ni Lucia de darme por el culo y cuándo de madrugada decidían finalizar para poder dormir, en cuanto me sacaba el “instrumento” del trasero, me ponía los glúteos como un tomate azotándomelos con una larga regla de madera y me propinaba una patada en los cojones que, para entonces, estaban vacíos. Las dos hembras disfrutaban viendo como me retorcía de dolor en el suelo mientras se reían y me decían que así perdería por completo la erección, no tendría muchas ganas de mantener contactos sexuales y me ayudaría a retardar todavía más mis eyaculaciones venideras.
Aunque eran las menos, había ocasiones en las que Lucia se encontraba de buen humor y una vez que me desnudaba, me enseñaba algunos vídeos y la amplía colección de fotografías que conservaba de las distintas jóvenes que, como ella decía, habían puesto el “arco del triunfo” a su disposición y que obtenía obligándolas a posar en actitudes de lo más sugerentes existiendo un montón de imágenes en las que se encontraban en pleno orgasmo, meando e incluso, cagando. Lucia sabía aderezarme su visión al darme toda clase de detalles sobre como eran sus convulsiones pélvicas previas al clímax; la cantidad de “baba” vaginal que echaban; las veces e intensidad con la que se hacían pis ó si su caca era sólida ó líquida. Entre aquellas fotografías no tardé en ver algunas de Noelia, una de las chicas con la que había tenido que compartir mesa en el comedor de la residencia de estudiantes y de algunas de mis actuales compañeras de estudios que habían tenido ocasión de presenciar como me sometía y ultrajaba la “culo flaco”. Pero Lucia no me dejaba disfrutar de ello puesto que, en cuanto me “ponía”, tenía que quitarlas la braga con la boca y los dientes para deleitarme con sus prendas íntimas, oliendo las “fragancias” femeninas que se habían depositado en ellas y “degustando” la parte que más en contacto había estado con su coño y su ojete antes de que me tumbara boca arriba en el suelo muy abierto de piernas. Mientras Lucia se colocaba entre ellas y me acariciaba el pene, Nuria procedía a desnudarse por completo y lentamente delante de mi y acomodaba su zona vaginal en mi boca para que, agarrándome con fuerza de la cabeza, no tuviera más remedio que comerla la seta hasta la saciedad y lamerla el ano antes de meterla lo más profundo que me era posible mi lengua en el ojete con lo que siempre se tiraba varios pedos. Su amiga, mientras tanto, me movía lentamente la picha sin dejar de apretarme los cojones con la intención de que mi eyaculación, a pesar de que tardaba en producirse lo suficiente como para que la mujer más frígida llegara a alcanzar el orgasmo, fuera muy abundante y se demorara al máximo sin que dejara de “cascármela” hasta que me sacaba dos polvos y entusiasmada, me veía mear. La muy guarra se excitaba muchísimo con mi micción y con la de Nuria, cada vez que se hacía pis en mi boca, hasta llegar a mearse de autentico gusto y formar un buen charco en el suelo. Después volvía a acariciarme la pilila antes de introducírsela en la almeja para realizarme una magnifica cabalgada mientras la apretaba las tetas y ella hacía lo propio con las de Nuria estando muy pendiente de retrasar mi tercera eyaculación, cortándomela cada vez que consideraba que estaba a punto de producirse para lo que se incorporaba y ejercía una fuerte presión en la base de la pirula con sus dedos en forma de tijera, con lo que lograba que, llegado el momento en el que ella notaba la proximidad de uno de sus monumentales orgasmos, sintiera un intenso gusto y la echara un montón de espesos chorros de lefa con los que Lucia solía llegar al clímax dos veces seguidas y junto a su “baba” vaginal expulsaba una nueva meada que, en mayor ó menor cantidad, iba acompañada por parte del semen que la acababa de echar. La fémina continuaba cabalgándome hasta el momento en que Nuria, exhausta, se incorporaba lo que Lucia aprovechaba para echarse encima de mí con el propósito de poder restregar sus tetas contra mi cuerpo mientras me obligaba a hurgarla a conciencia el ojete con mis dedos y a besarla en la boca metiéndola la lengua muy profunda. Cuándo se consideraba satisfecha solía incorporarse un poco para que mi pito abandonara su “cueva” y se colocara entre sus piernas, que mantenía cerradas, pero nunca se levantaba hasta que mi miembro viril empezaba a perder la erección lo que tardaba en producirse ya que la muy guarra se ocupaba de mantenerlo bien tieso moviéndomelo entre sus extremidades y frotándolo en su raja vaginal.
El llegar a dominarme de aquella manera debió de agradar tanto a Lucia que decidió prescindir del montón de objetos inútiles que tenía almacenados en la habitación en que solíamos mantener nuestra actividad sexual para adecentarla, pintarla y amueblarla convenientemente con lo que comenzamos a disponer de una cama de matrimonio dotada de un confortable colchón semiacuático, que mandó traer del extranjero, lo que posibilitó que, al terminar nuestra sesión sexual, me pudiera quedar a dormir allí ya que, hasta ese momento, tenía que irme andando a la residencia de estudiantes en la que me alojaba donde, a aquellas horas de la madrugada, no era fácil conseguir que me abrieran la puerta de acceso ó debía de acomodarme en el sofá del salón del domicilio de Lucia. Pero aquello tuvo su lado negativo puesto que la hembra lo aprovechó para acostarse conmigo la mayoría de las noches y al estar acostumbrada a dormir muy poco se dedicaba a acariciarme y sobarme mis órganos sexuales al mismo tiempo que no se cansaba de frotar su chocho contra mis glúteos y la raja del culo con lo que me resultaba imposible conciliar el sueño. Además, ponía el despertador media hora antes para aprovechar que, cuándo me despertaba, mi polla estaba tremendamente dura, gorda y larga y tras hacer que la echara mi primera meada matinal en la boca, me la “cascaba” para sacarme un par de polvos y otra nueva micción de forma que quedara “aliviado” y no tuviera demasiados deseos sexuales hasta mi encuentro a medía mañana con Nuria. Pero, al contrario de lo que me sucedía con la “culo flaco”, nunca llegué a sentirme demasiado a gusto y compenetrado con Lucia que se estaba empezando a cansar de mí y decidió suplirme por el marido de Jimena, una de sus antiguas alumnas que durante su segundo embarazo y luciendo “bombo”, descubrió las delicias y el gran placer que la proporcionaba Lucia a través del sexo lesbico. La educadora, a base de forzarla, no tardó en conseguir que la mujer accediera a dejar que su marido pasara las noches con Lucia pero aquello no dio el resultado apetecido puesto que el hombre disponía de un rabo de lo más normal, Jimena tenía que estar presente para que se pusiera a tono y sólo era capaz de echar la leche por segunda vez cuándo estaba sumamente excitado. Ante semejante contrariedad Lucia acordó con Nuria dedicar de domingo a jueves las veladas nocturnas a los varones para ocuparse de las féminas en horario vespertino y los fines de semana y al pretender disponer de la debida variedad en todas aquellas sesiones sexuales, consiguió que Nuria tuviera que olvidarse de mí para centrarse en la difícil misión de encontrar jóvenes muy bien dotados y a ser posible con una más que aceptable potencia sexual con los que, de la misma forma que conmigo, su amiga pudiera sentirse complacida.
Continuará.
Relato enviado el Viernes, 09 de Julio de 2010 y leido 37 veces.
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